mismo
año. En esos tiempos Bolivia era el país con el
menor número de sacerdotes del mundo católico.
Al margen era el escenario de penetración del marxismo
y del protestantismo.
La revolución había sido el epílogo de
la guerra civil de 1949, y del desconocimiento de la voluntad
popular cuando el Presidente Mamerto Urriolagoitia, entregó
el mando de la nación en 1951 a una junta militar desconociendo
el triunfo del MNR en elecciones. El misionero Oblato fiel cumplidor
del voto de obediencia, llegó a Bolivia para combatir
al comunismo que penetraba entre los trabajadores mineros y
los campesinos.
UNA NUEVA FORMA DE ESTAR PRESENTES EN LA SOCIEDAD.
La orientación que le dio a la Iglesia de ese tiempo,
el Papa Pío XII, luchar contra el comunismo organizando
al pueblo de acuerdo a la Doctrina Social de la Iglesia fue
fielmente cumplida por estos misioneros en principios casi todos
de nacionalidad canadiense de la provincia de Québec.
De no ser la misión, en esos años Bolivia podía
adelantarse a Cuba y convertirse en el centro de operaciones
de la Unión Soviética en Sudamérica. Fueron
también los Misioneros Oblatos los adelantados a romper
con la Iglesia de capilla. Vivieron en medio de familias obreras,
departieron con ellos sus alegrías y tristezas y se convirtieron
en los grandes propulsores del basket.
Cuántas veces las reuniones católicas tenían
que ser interrumpidas por los llamados de la sirena para la
asamblea de trabajadores en apoyo al gobierno revolucionario.
La misión oblata se adelantó al Concilio Vaticano
II oficiando la misa en quechua.