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Mauricio Lefebvre, El Mártir De La Liberación (Jorge Mancilla Tórres)
Salió de la parroquia del Espíritu santo a las 5:30 de la tarde del 21 de agosto. Dos horas después retornó allí, muerto, íntegro en su tanto amor por los bolivianos y víctimas de la violencia que no supo ni quiso evitar..
“No vayas, Mauricio, están matando sin miramientos”. Le pidieron sus compañeros oblatos. Dicen que los miró de soslayo y murmuró: “los que están cayendo nos necesitan”. La gente, en efecto, estaba siendo abatida a tiros en el centro de la ciudad.
Muchos lo recuerdan por última vez cruzando las calles a bordo de la vagoneta en que solía ir a su trabajo en la UMSA, una chevro color plomo que conocían sus amigos y que esa siniestra tarde reconocieron sus enemigos.
Llegó a la Cruz Roja, frente al mercado Camacho, acompañado de otro sacerdote, Bernardo Grochet, y ahí informaron que había muchos heridos que atender y más cadáveres por recoger, Le pidieron acudir en ayuda del médico Enrique Pinto que, baleado por francotiradores, se estaba desangrando en la capitana Ravelo.
Tres voluntarios se subieron a la vagoneta, un doctor, una enfermera y un joven que agitaba la bandera de la Cruz Roja. Dice Grochet que Mauricio le pidió la absolución “por lo que fuera a pasar” y recuerda que al entrar a la avenida Arce ambos estaban orando a media voz.
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